Psicología, Salud Mental, Tecnologia

El síndrome del impostor en la era digital: ¿por qué nos sentimos insuficientes?

Vivimos en una época donde la conectividad digital lo permea todo: nuestras relaciones, nuestras metas, nuestros trabajos y nuestra identidad. Las redes sociales, el trabajo remoto y la constante exposición al éxito ajeno han intensificado un fenómeno psicológico cada vez más común: el síndrome del impostor.

A pesar de no ser un diagnóstico oficial clínico, el síndrome del impostor ha sido extensamente investigado en el campo de la psicología. Se refiere a esa sensación persistente de no ser lo suficientemente competente, de haber llegado al lugar que se ocupa por suerte o por error, y el temor constante de ser “descubiertos” como un fraude, aun teniendo logros objetivos. En la época digital, estas emociones han experimentado un aumento. Pero ¿por qué?

¿Qué es el síndrome del impostor?

El concepto fue establecido en 1978 por Pauline Clance y Suzanne Imes, ambas psicólogas. En un principio, se detectó en mujeres con gran éxito que, pese a sus éxitos académicos y laborales, consideraban que no merecían su triunfo. Hoy, se sabe que este fenómeno afecta a personas de todos los géneros, edades y profesiones.

Los síntomas más comunes son:

  • Dudas constantes sobre la propia capacidad.
  • Miedo a ser descubierto como un “fraude”.
  • Asignar los éxitos a elementos externos como la fortuna.
  • Exigencia perfeccionista y autocrítica excesiva.
  • Incapacidad para aceptar elogios o reconocimiento.

Redes sociales: el escaparate perfecto

Una de las principales razones por las que este síndrome se ha intensificado en la era digital es el uso constante de redes sociales. Estas plataformas están concebidas para exhibir lo mejor de cada individuo: éxitos, viajes, figuras perfectas, vidas que parecen prosperar. Cuando los individuos contrastan su “vida real” con las versiones meticulosamente modificadas que encuentran en internet, resulta sencillo sumergir en un círculo vicioso de comparación e insatisfacción. No apreciar el esfuerzo, los fracasos o los procedimientos que subyacen a una publicación puede provocar que alguien sienta que está retrocediendo, que no basta o que simplemente no merece lo que ha logrado.

Esta cultura del desempeño y la imagen ideal genera un ambiente favorable para el surgimiento del síndrome del impostor.

Teletrabajo y validación a distancia

El auge del trabajo remoto también ha influido. Al trabajar desde casa, se pierde parte del contacto directo con colegas y supervisores. La validación es menos visible, y muchos empleados sienten que su trabajo no es reconocido o que no están haciendo “lo suficiente”.

Además, la dificultad para separar lo laboral de lo personal, y el acceso constante a correos y plataformas laborales, genera una autoexigencia tóxica. Si no se trabaja más que los demás o si no se responde a cada mensaje al instante, surge el miedo de no estar cumpliendo.

Esto resulta en ansiedad, fatiga y una percepción tergiversada del propio desempeño.

Factores que aumentan la sensación de impostura

Además de las redes y el trabajo digital, existen otros factores que alimentan el síndrome del impostor:

    • Elevada autoexigencia: Personas perfeccionistas suelen establecer normas inaccesibles.
    • Entornos altamente competitivos: Varias disciplinas como la medicina, la tecnología o el arte demandan un avance continuo y visible.
    • Falta de referentes diversos: Cuando las personas no encuentran a sí mismas en posiciones de éxito, pueden experimentar la sensación de no ser parte de ellos.
    • Estigmas sociales: En algunas culturas o grupos, el éxito puede verse con sospecha o como motivo de presión.

¿Cómo combatir el síndrome del impostor?

A pesar de que el síndrome del impostor puede ser duradero, no es permanente. Existen estrategias que pueden ayudar a gestionarlo:

  • Reconocerlo

El primer paso es nombrarlo. Entender que no estás solo/a y que esta sensación afecta incluso a personas reconocidas o exitosas ayuda a normalizarlo y disminuir su carga.

  • Registrar logros

Llevar un diario donde anotes tus éxitos, metas alcanzadas y retroalimentaciones positivas puede ayudarte a recordar tus méritos en momentos de duda.

  • Buscar apoyo

Conversar con compañeros de trabajo, amigos o incluso con un psicólogo puede asistirte a estructurar tus pensamientos y a adquirir una visión más realista de tus habilidades.

  • Aceptar los errores

Equivocarse no te convierte en un impostor. Todos cometemos errores. Lo fundamental es adquirir conocimientos de ellos, no ser castigado por ellos.

  • Revisar las redes sociales críticamente

Ten en cuenta que lo que percibes en internet no es la totalidad de la verdad. Evalúa lo que ingiere y restringe tu exposición a contenido que te provoca sensación de insuficiencia.

  • Celebrar tus éxitos sin culpa

No minimices tus logros. Si alguien te felicita, acepta el elogio sin justificarte. Aprender a celebrarte es clave para construir una autoestima sólida.

Para orientación gratuita puedes consultar líneas como Línea 106 o recursos del programa Colombia sin Estrés.

El rol de las organizaciones

Las compañías y líderes desempeñan un rol crucial en la prevención y lucha contra el síndrome del impostor en sus equipos. Crear espacios donde se reconozca el esfuerzo, se validen los procesos (no solo los resultados) y se promueva una cultura del bienestar emocional, puede marcar una gran diferencia.

Proporcionar programas de salud mental, mentorías o formación en inteligencia emocional son medidas que promueven entornos más empáticos y humanos. El Ministerio del Trabajo alienta programas de salud mental en ambientes laborales desde una perspectiva preventiva.

Conclusión

El síndrome del impostor no es una debilidad personal, sino una respuesta emocional a un entorno que exige demasiado y valida poco. En la época digital, donde la constante comparación, la excesiva exposición y la exigencia personal son habituales, la sensación de insuficiencia se ha convertido en algo tristemente habitual.

Sin embargo, identificar este patrón es el paso inicial para desactivarlo. Comprender que tus éxitos son propios, que no requieres evidenciar tu valía de manera constante, y que el valor personal no se evalúa en seguidores ni en títulos, puede asistirte en recuperar una autoestima más equilibrada y realista.

En épocas en las que parecer es más importante que ser, tener presente que tu autenticidad es más potente que tu perfección puede ser el tratamiento más eficaz contra el síndrome del impostor.